Diario encontrado (Segundo cuaderno)
Día 142
Entrada 1:
La máquina volvió a fallar. Me moví hacia atrás, de nuevo. Aparecí en la orilla de un lago rodeado de pequeños montes, me metí a una cueva cercana, y con la sangre de unos insectos dibujé los diminutos peces que había visto hace unos cuantos pasos.
Parece que mi garabato creó una realidad alterna; cuando regresé al presente, al mismo punto de donde partí, me recibió el letrero de un lugar del que nunca había escuchado:
Entrada 2:
No sé cuánto retrocedí; estaba acostumbrado a hacer pequeños saltos, un par de horas apenas, que es poco menos de lo que marca el Acuerdo Temporal Universal; de ese modo las variables contextuales cambian muy poco como para alterar alguna constante física, aunque yo siempre defendí la idea de no llevar la máquina a sus límites.
Quería ver si podía rescatar algunas pinturas del antiguo templo del llano (unos momentos antes del bombardeo), pero en un instante pasé de oler el pasto seco a mojarme los pies.
Estoy sentado al borde de una carretera. A juzgar por lo que me rodea, creo que puedo disponer de tecnología que sea, cuando menos, decente.
Día 143
Entrada 3:
La verdad ya no me preocupa no haber vuelto a mi presente, igual todo está perdido ahí; y la máquina fue nuestro último intento por rescatar algo de lo que nos quedaba.
La primera vez que vimos cómo se desintegraba la materia nos entusiasmamos pensando que habíamos descubierto alguna nueva fuerza elemental cuando, simplemente, habíamos adelantado nuestro final. Si tan solo hubieran comprobado las matemáticas...
Se que no pude haber evitado la catástrofe, eso supondría una paradoja lógica muy severa: La máquina no puede viajar antes de su invención.
Por supuesto que tampoco pude haberme despedido de Marla.
Mi ritmo ha constado de pocos saltos hacia adelante y después muchos saltos pequeños hacia atrás. Y es evidente, este no fue el viaje típico de ±6.4807 horas, pero tampoco es la primera vez que esto me sucede (como detallé en mi cuaderno anterior: Día 70, Entrada 84), por eso decidí divertirme un rato pintando en la cueva.
Ese fallo es un asunto tan sencillo de resolver que solo implica volver un paso en el historial de configuración del Reactor de Energía Negativa (REN) pero esta vez el aparato sufrió lo que quiero pensar que fue un daño circunstancial, nunca pudimos crear un vacío perfecto; aunque sí pude tener más cuidado al reconstruir el módulo de presurización. Si tan solo hubiera comprobado las matemáticas...
Día 152
Entrada 4:
Me estoy quedando ciego, es el precio que se paga por no vivir a sesenta minutos por hora. "Nadie puede desobedecer a la física", estaba escrito con marcador permanente en el pizarrón del Dr. Mejía. El caso es que nosotros pudimos pero no debimos. La física es una madre estricta; si no sigues las reglas te castiga, y este es mi castigo.
Supongo que el proceso está empezando en mi sistema nervioso, de adentro hacía afuera. Siempre pensé que sería como en esa vieja película donde los personajes desaparecían de las fotos, pero creo que me sucederá lo mismo que al Dr. Mejía, al equipo, a la NeoTierra, y a todo el universo. Me va a doler.
No sé cuánto tiempo pasará antes de perder totalmente la visión, por ahora estoy experimentando dos cosas:
2. Una especie de daltonismo extraño. Puedo distinguir los colores pero con menos saturación.
Intentaré utilizar el tiempo que me queda para hacer un registro de lo que vaya descubriendo aquí, empezando por este mismo cuaderno.
No puedo afirmar nada todavía, pero tengo la hipótesis de que mi pintura no alteró mi línea temporal, sino que me trajo a un nuevo universo. A menos de que aquí las leyes físicas sean distintas, estoy rompiendo la segunda ley de la termodinámica, mi existencia no solo sobra en este lugar, también representa una amenaza de escala universal.